miércoles, 21 de noviembre de 2012

"Nos robaron 34 años"

El Gráfico, 30 de octubre de 2012 |
"Nos robaron 34 años"
Pablo es hijo de desaparecidos, el 106° nieto recuperado. Julio César, su tío, ex futb olista. Se encontraron hace algunas horas. El Gráfico fue testigo
Por: Ezequiel Scher
La primera y última vez que se vieron, el tío tenía 12 años y su sobrino, un mes y un día. Maravilloso: como si el tiempo no fuera un dolor inevitable, 34 años después de aquella única cita, se miran como si hubieran sido compañeros de truco toda la vida.
El tío es Julio César Chicho Gaona: un señor de 48 años, ex jugador de fútbol, que pasó, entre otros clubes, por Deportivo Español y por Boca, ganando con el azul y oro el Clausura de 1991. El sobrino es Pablo Javier Gaona Miranda: un muchacho de 34, que estudió periodismo deportivo y que confirmó el último 1 de agosto que era hijo de Ricardo Gaona Paiva y de María Rosa Miranda. La primera y última vez había sido el 14 de mayo de 1978, en una reunión familiar destinada a celebrar el Día de la Independencia de Paraguay. Al salir de ahí, un grupo de tareas de la última dictadura militar secuestró a Pablo, quien fue apropiado por un militar que luego se lo dio a una pareja. También fueron secuestrados sus papás, que continúan desaparecidos.
Hoy, luego de que Pablo descubriera su verdadera identidad y se transformara en el 106° nieto recuperado, el tío y el sobrino se vuelven a encontrar.
-¿Qué se siente?
Pablo: -Para mí esto es una sorpresa muy grata. Andaba con ganas de encontrar a mi familia, porque era como encontrarme a mí. Y, bueno, me sorprendió, entre otras cosas, cuando me contaron que tenía un tío que había jugado en la Primera de Boca. Yo soy hincha de River, pero no es que me parezca una aberración todo lo que tenga que con nuestro clásico rival. Al contrario: estudié periodismo deportivo y la verdad es que conocer esto está bueno. Logré sentirme identificado. Reconocer ese gusto familiar es una forma de entender de dónde viene mi sentimiento.
Chicho: -Esto es muy lindo y muy fuerte. A nuestra manera, estuvimos todo este tiempo esperándolo. Yo hace unos años lo estuve hablando mucho con mis amigos y les dije: "En un tiempo, va a aparecer." Cuando uno tiene la edad de Pablo, es cuando se empieza a preguntar más cosas y entonces también se encuentran más respuestas.
P: -Todo es un fuerte descubrimiento personal. Yo, ahora que los conocí a ellos, empecé a entender por qué tenía determinados gustos y tantas pasiones. Salvo mi papá, al que no le gustaba el fútbol porque estaba más interesado en cuestiones sociales y políticas, todos son muy futboleros. Como yo.
C: -Realmente, somos una familia muy futbolera. Éramos siete hermanos, yo el más chico y, claro, el más mimado. Algo que se potenció porque fui el único jugador y, encima, medianamente exitoso. El arraigo nuestro con la pelota siempre fue muy fuerte. Aún en las cuestiones sociales en las que participamos, vivimos en base al fútbol. Pero, en ese sentido, mi hermano Ricardo era distinto: la última vez que lo vi, tenía 12, era chico y tengo la imagen un poco deformada, pero sé que le interesaban otras cosas.
-¿Cómo fue esa última vez?
C: -Estuvo toda la tarde en casa. El Día de la Independencia de Paraguay, 14 de mayo. Pablo había cumplido el 13 un mes y vino a pasar el día con sus papás. Era el primer nene de toda la familia. Cuando ellos volvían para su casa, estos animales los secuestraron y no los pudimos ver más. En ese momento, no lo entendía tanto, pero no tardé demasiado en comprenderlo. Y fue de la manera más cruda. Porque tiempo después de que lo secuestraran a Ricardo, nos llevaron a mis hermanos y a mis papás a una comisaría. A mi viejo lo golpearon mucho. Nos levantaron en un Falcón verde y, desde una radio que comunicaba a estos genocidas con sus superiores, preguntaron si nos llevaban para el río o para el destacamento policial. Fue la muerte o la vida. Por suerte, nos llevaron a la policía.
-Pablo, decías hace algunas semanas en una entrevista con Página 12, que desde que había recuperado su identidad se sentía más libre. ¿Cómo es esa libertad?
P: -Cuando sabés que hay algo que no está bien, te sentís incómodo. La gente de Abuelas suele trabajar bastante en base a eso. Los avisos publicitarios dicen: "Si tenés dudas con tu identidad, llamá a Abuelas." Yo, cuando empecé a dudar de mi origen, tenía ciertos miedos, trabas. Sonaba difícil esto de conocer de dónde uno viene, cómo sos. Pero, cuando lo asumiste, te sentís distinto: libre. Voy, en ese sentido, bastante despacio. Porque hay que entender que 34 años de ausencia no se van a recuperar en un día. Hay que tener paciencia. De a poco, todo se va a ir dando.
C: -Sí, me parece que es difícil. Así como él buscaba, nosotros esperábamos. Y eso, claro, no era nada fácil. Tantas cosas pasaron en este bendito país que lo único que me sale es que esta sociedad está bastante disgregada. Durante mucho tiempo, fue imposible charlar este tema. Todos, con distintas formas, lo buscamos a él. Y yo confiaba en que en este momento iba a aparecer.
P: -Ahora es el momento. Sobre todo porque hace un tiempo que es el momento de Abuelas. Hubo un tiempo en que se decían libremente que las Abuelas eran locas. Y eso es algo que cambió porque existe el apoyo del Estado, que hizo que aparecieran muchos chicos. La de Abuelas es, también, otra gran familia.
-Chicho, vos ahora que lo ves, ¿en qué cosas te parece que es parecido al padre?
C: -Es mi hermano en pinta. Es igual a su papá. Ya se lo han dicho un montón de veces. Realmente, yo soy muy duro para llorar; uno de mis hermanos se emocionó mucho cuando lo vio tan parecido.
P: -Creo que soy una mezcla de mi viejo y de mi vieja. De mi mamá tengo la estatura, porque mi papá era más alto que yo. Pero también tengo los gustos: esto del compromiso social, de participar, de luchar por algo mejor, yo también lo siento. Así como también me identifico mucho por el fútbol y el sentimiento de toda esta familia por eso.
C: -Cuando era chico, yo simpatizaba con Independiente, como otros de mis hermanos. Ricardo, su papá, no era muy futbolero, pero era de River, como él.
P: -Es que hay cosas que se llevan en la sangre.
-En cualquier momento, podrán jugar un partido todos juntos.
C: -Nosotros, ahora, vamos a tratar de estar con él sin invadirlo demasiado. Si fuera por nosotros, querríamos llamarlo todo el tiempo, preguntarle cómo estás, qué necesitás. Pero hay que tomarlo con calma. No tenemos la culpa de que nos hayan robado 34 años de vida, pero los genocidas nos lo robaron igual y eso no se puede recuperar tan rápido.
P: -Tomo todo con mucha calma. Planeo las cosas y tardo lo que preciso para resolver. De hecho, estuve como cuatro años para ir a Abuelas a hacerme los exámenes. Una de las cosas que decidí cuando arranqué con esto es que todo tenía que darse de modo muy natural. A eso vamos. Pero despacio. Hoy ya fue un gran día.
Un volante creativo que debió pelearle a la vida
Julio César "Chicho" Gaona jugó en Platense, en Unión de Santa Fe, en Independiente (Colombia), en Sportivo Luqueño (Paraguay), en Belgrano, en Deportivo Español y en Boca.
Pero su vida no fue nada fácil y no sólo por la desaparición de su hermano: a los 21 años, fue padre de su primer hijo y su mujer falleció un mes después de parir. "Eso hizo que todo fuera mucho más difícil. Yo siempre supe que mi posición como jugador podía ayudarme para buscar a mi sobrino y para denunciar a ese genocidio, pero no era fácil solucionar todo eso que me pasaba", explica.
"Sólamente una vez, mientras era jugador, quise hablar con los medios del tema de mi hermano desaparecido. Fue en el Mundial juvenil de 1983, en México. Ahí, di una entrevista larga, explicando toda mi historia, esperando que la publicaran. Pero esta charla fue con la revista Somos y, claro, nunca salió nada. Ahora es distinto. Ahora soy amigo de Julio Falcioni, de Omar Píccoli y de Pipo Gorosito. Ellos saben de esto, así que veremos qué podemos organizar para que esto llegue más lejos", relata.
Es para creerle a Chicho. Pudo con lo que pasó. Podrá con lo que viene.
El paraguayo y Mery: él tenía 21 y ella 28
Ricardo Gaona Paiva y María Rosa Miranda fueron los papás de Pablo. Militaban juntos en el Ejército Revolucionario del Pueblo y vivían en el centro porteño, donde él era portero de un edificio. Antes, en la secundaria, Ricardo había militado en la Juventud Peronista, pero ya junto a Mery se pasaron al ERP.
Pero el 13 de abril de 1978, a las tres de la tarde, llegaron al Hospital Rivadavia donde nació ese hijo al que amaron profundamente y al que les robaron, justamente en el momento en que la última dictadura militar de este país los secuestró.
Ricardo era de una familia paraguaya, por eso así lo apodaban en la militancia y, también por eso fue que el 14 de mayo de 1978 festejó con sus papás y sus hermanos el Día de la Independencia de Paraguay. A la vuelta, ni él ni su mujer lograron regresar a sus casas. Una patota los capturó y los desapareció.
Él tenía 21, ella 28. Él era paraguayo y ella, tucumana. A él, también, lo conocían como Jorge. A ella, como Mery.
Desde 1978, forman parte de la lista de desaparecidos que aparecen en el libro Nunca Más.
Su pelea por una vida más justa y solidaria hoy la lleva su hijo Pablo.
Dudaba, tomó la decisión y fue a Abuelas
"Yo este proceso lo hice solo. Tardé cuatro años en ir a Abuelas. Y no lo comenté con nadie. Pero por suerte conocí a esta familia y eso está buenísimo." Pablo Javier Gaona Miranda, antes se llamaba Leandro, es el nieto recuperado número 106.
El día en que Estela de Carlotto anunció su aparición, él estuvo camuflado en el público, sin decir que él era él. Pero a partir de ese momento, empezó a involucrarse con la organización: ahora va a actos por otros nietos recuperados y realiza actividades para Abuelas.
"Yo trato de hacer las cosas bastante despacio. Para cada cosa me tomó mi tiempo. De la familia de mi papá, solamente me queda por conocer a algún primo. De la de mi mamá, que son de Tucumán, todavía tengo que viajar allá. Pero tengo claro que hay que hacerlo con calma. Cada encuentro siempre es raro porque la vida no es una entrevista y entonces, cuando nos juntamos, no nos preguntamos todo lo que tenemos por preguntar. Después, quizás, estoy trabajando y se me ocurre que puedo encontrar una foto de mi mamá en algún lugar y, ahí sí, llamo", explica, sabiendo que armar una estrategia para conocer una nueva vida es difícil. Pero no imposible.


¿QUIËN TE LOS ROBÓ? MUY FANTASIOSO...

Clara Anahí MARIANI, nacida el 12 de agosto de 1976, desaparecida el 24 de noviembre de 1976.

Clara Anahí MARIANI


Nacida el 12 de agosto de 1976
Desaparecida el 24 de noviembre de 1976

Madre: Diana TERUGGI
Padre: Daniel MARIANI

El 24 de noviembre de 1976, fuerzas policiales y del Ejército atacaron la casa de sus padres en la ciudad de La Plata. Allí fue asesinada Diana y secuestrada Clara Anahí, quien continúa desaparecida. El padre de la niña fue asesinado en La Plata, el 1º de agosto de 1977.


http://conadi.jus.gov.ar/gsdl/cgi-bin/library?e=d-000-00---0fotos--00-0-0-0prompt-10---4------0-1l--1-es-50---20-about---00001-001-1-0utfZz-8-0&a=d&c=fotos&cl=CL1.13&d=HASH01e464eeb883b24237a9cf8a

Financiamiento

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Gustavo Saladino

D.N.I.16.453.320

Hijo de desaparecido y asesinado.
Héroe de la Resistencia Antifascista contra el genocidio cultural del menemismo.
Objetor de conciencia al Servicio Militar Obligatorio hasta su desaparición definitiva lo que me valió verme impedido de ejercer mi derecho cívico al voto entre 1983 y 1995.
Despedido del Estado en 1989 por ser hijo de desaparecido.
Denunciante contra los genocidas ante la CONADEP (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas) en 1984.
Co-Denunciante y querellante contra los genocidas de la Fuerza Aérea Argentina y de otras fuerzas de seguridad en la Causa Penal por delitos de lesa humanidad y genocidio Nº 7.273/06 en el área de la Subzona 16, entre muchas otras Causas.
Denunciante en 2011 ante la Justicia Federal argentina del gobierno norteamericano cómplice de los genocidas civiles y militares que desaparecieron y asesinaron a mi padre en 1978.
El primero en el mundo entero, como activista de derechos humanos, en accionar penalmente contra el oligopolio estadounidense destructor de memoria argentina "Google, Inc.", entre otros hechos, por perseguir y espiar ilegalmente ciudadanos dentro de su plataforma "You Tube".
Denunciante de hechos de corrupción de la era "kirchnerista".

Jésica y Cielo (me falta Verónica Fiorito y cartón lleno).

Jésica y Cielo (me falta Verónica Fiorito y cartón lleno).
Yo no fui (y ellas tampoco vinieron nunca. Ja, ja, ja).

Álgebra simbólica

http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/2/25/Oudjat.svg/220px-Oudjat.svg.png

¿Mentir actuando, nene?
¿Tan sofisticaaado?

No se nada de matemáticas, bah.

Carta de amor

"Me muero de frío, estamos enterrados en el barro, no hay comida ni abrigo, el lugar es un desierto porque estoy sin vos". De una carta de un soldado argentino muerto en la Guerra de Malvinas a su novia en Chaco.

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